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¿En serio el yoga te destroza el cuerpo?

¿En serio el yoga te destroza el cuerpo?

En la página de estadísticas de este portal, es posible tener una idea del número de visitas diarias, de los países que nos leen y otra información más o menos útil. En una sección en particular, es posible conocer (en algunos casos y no siempre, ignoro la razón) qué términos de búsqueda han llevado al navegante a nuestra página mediante un buscador (Google, en la mayoría de lo casos). Hay un poco de todo, por ejemplo algunas de las últimas búsquedas efectuadas: “colutorio casero“, “pasta para dientes“, “aumento de energía vital” o “postura de plegaria yoga“. Nada que suela llamar mi atención, en general.

Sin embargo una búsqueda de hace unos pocos días me pareció interesante ya que los términos claves eran: “el yoga te destroza el cuerpo“. Me pregunté entonces el porqué de esa búsqueda que llevó al navegante a leernos. ¿Un practicante desilusionado (y dolorido)? ¿Un aspirante a practicante de yoga? ¿Un curioso que quiere saber más sobre yoga o quizás alguien a cuyos oídos llegaron rumores sobre los peligros de esta disciplina? Especulaciones, las que queramos. Pero esta curiosidad me ha hecho recordar una conversación de hace tiempo con una conocida. No recuerdo cómo, pero llegamos a conversar sobre yoga. Yo conté mi historia de cómo había encontrado solución para mi lumbalgia (entre otros beneficios), problema que me atormentaba desde mucho tiempo atrás.

Pero ella describió una experiencia no tan positíva como la mía. Me habló de como a lo largo del año y medio de práctica, seguía teniendo todo el cuerpo dolorido. Los músculos y las articulaciones le dolían y centrarse en otras actividades no le era fácil. Al cabo de ese tiempo, había decidido abandonar por las incomodidades causadas.

Entender y obviar la causa de esos malestares no es cosa sencilla. Pero se me ocurren algunas ideas.

  • Hay que practicar yoga sin prestar mucha atención a qué tipo de practicas se adoptan siempre y solo si se goza de buena salud y sin tener ninguna patología física más o menos crónica.
  • Si se padece de algún problema como podrían ser los problemas de la columna vertebral (artrosis, escoliosis…) hay que avisar al maestro antes de volcarse en la práctica. Un buen maestro recomendará qué posturas suavizar, modificar o evitar.
  • Hay que tener bien claro el nivel de entrenamiento. resistencia y flexibilidad que se tiene. Eso lo sabe solo el practicante. La intensidad de la práctica es entonces cosa del alumno, que tendrá que ajustar la postura a sus posibilidades. El ego es nefasto en el yoga. Querer hacer lo mismo que hace un veterano es impensable. Se necesita de muchos años para tener progresos visibles y medibles.
  • Nunca hay que llegar al dolor. Hay que buscar intensidad en el yoga, pero nunca el dolor. Si el cuerpo te duele durante la práctica, algo estás haciendo mal tú, no el yoga.
  • Hay muchos recursos para no forzar el cuerpo y ejecutar una postura cuando su alcance es inviable. Cojines, bloques de madera, cintas de tejido, mantas, asientos de madera… Todo recurso tiene una función, que es precisamente la de preservar el cuerpo sin llegar nunca a experimentar el sentido del dolor.
  • Hay trucos y técnicas para que la postura no sea peligrosa. Toda postura tiene pequeñas reglas que hay que observar para proteger el cuerpo. Un buen maestro conoce y comunica el desarrollo correcto de la postura en todo momento, desde la entrada hasta la salida de la misma.

Siguiendo estas pautas de sentido común, me parece muy improbable dañarse. Algo de molestia es normal cuando se empieza a practicar el yoga. Mi impresión cuando empecé fue la de haber descubiertos músculos que ignoraba tener. Si la molestia perdura en el tiempo y el yoga que se hace es adecuado a nuestra preparación y forma física, quizás sea el caso de acudir a un especialista para solicitar una opinión.

¡Cuéntanos tu experiencia!

Mirko

Webmaster y blogger. Empecé a interesarme por la tecnología ya de pequeño, cuando desmontaba todo lo que cruzaba mi camino. Una vez licenciado como ingeniero de software, me inicié en el tai chi chuan y en el kung-fu. Hasta que descubrí el yoga, lo cual supuso un cambio radical en mi vida. Alumno de la escuela de yoga de Danilo Hernández (Swami Digambarananda Saraswati) desde 2008, en 2014 he terminado el Máster en yoga Sadhana Síntesis.
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