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La dieta Gremlin de las 12 horas para mantener la línea

Reloj de bolsillo

¿Te acuerdas de Gizmo, ese adorable monstruito ochentero que la liaba parda como comiese después de medianoche? Los investigadores de Salk Institute para Estudios en Biologia de la Universidad de San Diego han demostrado que no es el único a quien la comida nocturna no sienta nada bien.

Según sus resultados publicados en el número de diciembre de la revista Cell Metabolism, restringir la ingesta de alimentos a una ventana temporal máxima de 12 horas (o incluso de 9) repercute en un mejor estado de forma y en la prevención de la obesidad.

Los científicos trabajaron primero con dos grupos de ratones: los primeros podían comer cualquier tipo de comida basura y alta en contenido graso cuando les diera la gana. El segundo grupo tenía una alimentación similar pero solo podía comer desde el amanecer y durante las siguientes ocho horas. Ningún ratón hacía ejercicio. Mientras el primer grupo pronto se puso fondón y se detectaron casos de diabetes, el segundo apenas ganó peso y no tuvo problemas metabólicos.

El mismo equipo de científicos, liderado por el Dr Panda, ha repetido en 2014 el experimento utilizando ahora cuatro grupos: ratones que se alimentaban cuando les venía en gana, ratones que comían solo durante 9 horas,  otros que podían hacerlo durante 12 y un último grupo que venía limitada su alimentación a 15 horas. A algunos sujetos se les permitía hacer trampas en el fin de semana. Se les observó durante 38 semanas.

Los hallazgos demuestran claramente que si aquellos roedores que no tenían freno horario a sus apetitos se volvieron obesos y desarrollaron graves problemas de metabolismo, los del grupo de 12 horas y los de 9, permanecieron delgados y sanos, incluso si alguno, de vez en cuando, se había dado un pequeño atracón de sábado o domingo.

Los científicos fueron un paso más allá, ya que algunos ratones que empezaron comiendo cuando les venía en gana, a la mitad del experimento, fueron obligados a una restricción horaria. Al hacerlo perdieron el peso ganado y hasta curaron su obesidad.

“Creemos que el ritmo nutritivo tiene un efecto incluso más relevante en el cuerpo humano que los ciclos circadianos (día y noche, luz y oscuridad)”, aseguraba el Dr Panda.

Visto lo visto, lo mismo es para pensárselo dos veces la próxima vez que, en plena madrugada, nos den ganas de atracar la nevera.

Ana

Editora y periodista. Profesora de publicidad y creatividad en la universidad CEU San Pablo. Autora de libros de investigacióny autoayuda en Plataforma Editorial. Mamá a tiempo completo.
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