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La obsesión de ser espiritual

La obsesión de ser espiritual

Olvídate de ser espiritual. Deja toda esa locura de hacer cosas raras con el sentido de ser especial, de convertirte en alguien “espiritual”. Estamos locos, haciendo cosas extravagantes, extrañas, movidos por el deseo intenso, la ansiedad de ser alguien espiritual. Hemos leído algún libro que nos ha motivado, hemos visto a un familiar, amigo haciendo algunas prácticas orientales, estamos siguiendo a celebrities en Instagram o Facebook y lo hacemos porque tenemos claro que son seres espirituales y nosotros haremos lo necesario para ser como ellos y dejar de ser lo que ya no queremos ser.

Tonterías.

Ser espiritual no tiene nada que ver con hacer cosas “espirituales”, con las asanas, llenarse de rudras o ponerse un turbante en la cabeza. Ni tiene que ver con dejarse crecer la barba, ni mirar el sol cada atardecer, ni bañarse con agua fría, ni caliente, tampoco con saber tu kin maya, ni tu registro akashico, tu signo del zodiaco, ser vegetariano, vegano, comer sólo los frutos que caen del árbol, 21 días de ayuno o alimentarte de prana, tomar agua ionizada, agua del mar, bailar en círculos, cantar mantras, levantarte a las 4:30 am. Ni haciendo diez días de noble silencio, ni aprendiendo sobre el eneagrama, tarot de Osho o de Marsella, levantando un brazo durante años hasta que se seque o dejarte las uñas sin cortar durante decenas de años, o hacer el camino de Santiago, o peregrinar a los Himalayas o al Tíbet o al Unitorco o al Valle Sagrado de Perú. Tampoco sirve que te alineen los chakras, Reiki, que te pasen el péndulo o el conejo, que le toques los pies a un guru, ni vestirse de blanco ni de naranja, no usar zapatos, abrazar árboles, Chi kung, Tai chi, Kung Fu, Karate o Chinchanfú. Nada de lo que hagas te volverá más espiritual de lo que eres ni más espiritual que nadie.

Porque ser espiritual es tu verdadera naturaleza, tu derecho intrínseco.

Nada te va a acercar a lo que ya eres más que tomar consciencia de que lo eres. Para explicarme mejor, tu vehemencia por hacer cosas que parecen espirituales, se debe simplemente a que estás completamente motivado a reconocer la espiritualidad dentro de ti, a sentir con total certeza tu naturaleza espiritual. Para eso no tienes que hacer nada que te diferencia, eso es una trampa del ego o del pensamiento dual, en el que yo soy esto y tú aquello. En el que él es espiritual porque se rapa la cabeza o ella lo es porque le reza a su comida.

El universo es un misterio del que todos formamos parte, y digo misterio porque aún estamos camino a tomar consciencia de su naturaleza y vamos a tomar esa consciencia a través de nosotros mismos. Porque el universo no es algo que esté afuera allá en los cielos, sino que es todo lo que contiene todo, incluidos nosotros mismos, y lo que somos no es algo aparte, un tropiezo de la vida, un milagro de la creación; no, lo que somos responde a la evolución constante del potencial infinitamente creador que tiene la vida. Ser espiritual es nuestra naturaleza y nuestro derecho, porque no somos seres que reconocemos la espiritualidad de la vida, somos el espíritu de la vida siendo consciente a través de nosotros mismos.

En el mundo se suceden cambios constantemente. Como dictan muchos pensamientos potentes de grandes pensadores en la historia, el cambio es la única constante en la realidad que percibimos, la impermanencia de las cosas. Y todos esos cambios están ocurriendo no porque seamos una especie a la merced de la evolución y del tiempo, sino que los cambios se dan porque nuestra capacidad de percibir el mundo está cambiando y por eso mismo es que nuestra interpretación de la vida cambia. Y cuando cambia nuestra consciencia del mundo, el mundo cambia.

Vivimos en el mundo de los milagros. Y en cada instante somos testigos de los milagros a nuestro alrededor y dentro de nosotros. Por favor, seamos conscientes: tiempo atrás este planeta era un cúmulo de gases a temperaturas imposibles para la vida, eso cambió, el planeta Tierra se acercó lo suficiente para recibir la temperatura del sol sin quemarse y esos gases se estabilizaron, los átomos se agruparon, las condiciones se dieron y las primeras células nacieron. Luego de interactuar entre ellas, empezó una masiva generación de la vida formando los primeros seres unicelulares, luego seres más complejos y así poco a poco el desarrollo de la vida fue brutal, abundante, diverso y misterioso. El tiempo avanzaba, la Tierra giraba y los seres evolucionaban, hasta que luego de tanto experimentar, el primer ser humano miró hacia atrás, hacia delante, miro las palmas de sus manos y tuvo la consciencia de sí mismo, la consciencia de que estaba ahí y en ese momento. La caza, pesca y recolección, el descubrimiento del fuego, luego la electricidad, la hidráulica, química, física, medicina, la astronomía, la religión, la sociedad, las guerras, el amor, las artes, la música, la comprensión y la espiritualidad. Lo que hoy es algo burdo y aburrido hace poco era algo impensable, inimaginable, un milagro.

Vivimos en el mundo de lo imposible. Buques de toneladas de acero que surcan los océanos con miles de personas cada día, naves con alas que transportan a personas por todo el mundo a través del aire, redes virtuales que conectan y comunican naciones alrededor del mundo como si el tiempo y el espacio no exisitieran. Estamos viviendo la revolución de la consciencia y siempre fue así, siempre estamos viviendo la revolución de la consciencia. La diferencia está en que ahora nos damos cuenta, lo reconocemos, somos conscientes.

La consciencia de estar separados del resto está obsoleta y está dividiendo al mundo: ricos y pobres, guerras por recursos, contaminación, arrogancia política, corrupción, deslealtad, son todos resultados de una mente dual, de dirigir nuestras vidas a través del ego, que nos dice para yo tener, tú debes perder. Las bases de ese pensamiento está cambiando por una consciencia de unidad en la que yo soy y sirvo al mundo, porque el mundo no está separado de mí. Ir por la playa y dejar tu residuos en la arena, entrar a un baño en la carretera y dejarlo sucio, caminar por un bosque y encontrar botellas y papeles. Todo esto porque como yo me voy, no me interesa. La consciencia de unidad nos lleva a que tú eres tu propio hogar y el mundo es una expansión de ti mismo, o más concreto el universo es una gran manifestación de unidad en la que nada está separado. ¿Alguna vez has sentido ganas de abrazar a alguien que no conocías porque se veía triste? ¿o de dejar el camino que recorrías mejor de lo que estaba? ¿o simplemente ser sincero, veraz y vivir con la paz que te da vivir a favor de la vida?

Hacer tu práctica de yoga no te va a hacer más espiritual. Ni hacer Qi Qong te acercará más a Dios. Hacer Karate, ni Kung Fu, ni meditar, ni alimentarte de prana. Nada de lo que hagas te hará ser más de lo que ya eres. Porque ya lo eres y la vida sólo está esperando a que lo reconozcas. El meollo de la cuestión no está en ser o no ser espiritual; está en tumbar las creencias que te distraen, que te impiden reconocer que ya lo eres. Esta no es la revolución del hacer ni del ser, es la revolución de la consciencia.

Jean Pierre

Desde el 2010 desarrollé un pensamiento más resiliente y ambiental, encontrando la mecánica detrás de la ilusión que se ve en los medios. Trabajé en varios proyectos de educación ambiental y activismo en la ciudad y luego viajando por Sudamérica por comunidades autosostenibles y centros de permacultura del 2011 al 2013. Apasionado por el autodescubrimiento, me formé durante un año en Hatha Yoga con mi profesor Percy García y empecé mi vocación como instructor de yoga en varios centros de Perú y España. Dirigí una empresa social dedicada al compostaje urbano en Lima y ahora resido en España con mi esposa Mariate y mi bebé Amara.
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